En la agenda que se trazó cuando en 2014 fue elegido presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker reconoció que la confianza en el proyecto europeo estabá bajo mínimos historicos en varios países de la Unión y se comprometió a poner en marcha actuaciones para “reconstruir puentes en Europa tras la crisis y restaurar la confianza en el proyecto europeo por parte de los ciudadanos”… y sus representantes a escala nacional.

Luego vino el Brexit y se extendió su ejemplo en un Eurexit que prospera cada día…

Sin embargo ningún cambio visible se ha producido en la estrategia de comunicación de la UE, que sigue anclada en sus viejas prácticas capitalinas (bruselenses) y sobre directrices y manuales  que son poco o nada eficientes: la percepción de la UE en los pueblos que la forman sigue siendo muy débil, alejada y su necesidad/beneficio facilmente contestable.

Tampoco es que se hayan esforzado mucho, a mi entender; porque el principal prescriptor de las bondades de una Europa unida es en cada pais su propia administración -es el portavoz cercano a los vecinos…- y, por mi propia experiencia como consultor, no creo que al final del hilo de las políticas europeas de comunicación, cuando se llega al territorio, a las administraciones más locales, se apliquen adecuadamente las claves estratégicas que los planificadores de la Comisión dicen exigir.

En fin, juzguen ustedes mismos.  Los documentos que adjunto se refieren al presupuesto de la Comisión Europea para 2017 y las bases de su aplicación. Teóricamente sube alrededor de un 3% sobre el año anterior y alcanza un máximo del presupuesto propio de la UE de 81.269.000 €.

2017 work programme in the field of Communication y Annex (desarrollo en detalle).

Pero lean, lean y saquen sus propias conclusiones. Y si encuentran algo novedoso, avisen, por favor.