El BLOG de Benito Caetano

Comunicación, asuntos públicos y otras emergencias...

Sobre los recortes de presupuesto para la comunicación pública

Cuando la crisis asoma a la cosa pública, la comunicación es de las primeras partidas que se recortan y hasta se suprimen si hace falta.  Los que trabajamos en el sector lo estamos viviendo estos meses.  Y es que en estos casos, a los gobiernos se les aparece claramente como inncesario el mantener la continuidad de sus acciones de comunicación hacia la ciudadanía.  Todo es reconocerse ooficialmente que algo va mal y salir a la palestra el portavoz de turno anunciando que se congelan los sueldos de los altos cargos y se eliminan gastos de comunicación y publicidad. Y ya está.  No de otras cosas; nadie suele hablar de racionalizar las plantillas públicas o de reducir el consumo interno de las administraciones: lo que se corta es la comunicación con la ciudadanía.

No voy a hablar de los gastos de protocolo y de representación, cuya naturaleza y destino prefiero que se me escapen, pero sí de la comunicación que, por ejemplo en Andalucía, ve reducidos sus recursos para quedarse en un pequeño porcentaje -un 30-40% oficialmente; mucho menos en lo palpable…- de lo que habían venido siendo hasta año pasado.

Creo que lo primero que debería hacer la Administración es distinguir, conceptual y también operativamente, entre comunicación y propaganda.  Esencialmente, la comunicación pública es uno de los principales soportes de la democracia: sobre ella se sostiene la información de las decisiones y acciones del gobierno y, por lo tanto, se hace imprescindible para la valoración de la gestión, que es consustancial con el ejercicio de esta democracia.  En un sentido práctico, la comunicación de los asuntos públicos son el camino obligatorio para que los ciudadanos y ciudadanas tengamos conciencia y valor de los programas de la Administración, de sus normas y de sus usos, así como de las oportunidades que se nos ofrecen para muy diversas cuestiones de la vida en común.

Otra cosa es la propaganda, entendida como tal la disposición de elementos y acciones que pretenden persuadir a la ciudadanía en favor del gobierno de turno y actuar sobre su escala de valores para hacerla conveniente al poder del momento.  La propaganda, en forma de publicidad, actos representativos e incentivos varios, está excesivamente presente en nuestros tiempos, aunque tan sólo hace unas décadas era denostada por todos.  La propaganda no sólo me parece prescindible en tiempos de crisis sino en todo momento. Desde el gobierno, claro.

Pero es que precisamente en tiempos de crisis se produce además un fenómeno muy marcado y que tiene consecuencias desastrosas en la economía: la desorientación.  Las crisis provocan corrientes de ideas y propuestas en general bastante débiles, poco sólidas o contrastadas, y controversias falseadas sobre la realidad, que llevan de hecho a tomar decisiones erróneas, por activa o por pasiva, a las más de las gentes.  Esto ocurre especialmente en lo micro, en las pequeñas empresas y en las actividades autónomas, que son más débiles para el juego de la economía y que, sin embargo, suponen el grueso de nuestro sosporte para el bienestar y el progreso.

Y en la ciudadanía. Las pequeñas empresas se comportan como los ciudadanos: no disponen de fuentes propias y no tienen capacidad de influir en los procesos; su información, la que les sirve para tomar decisiones, proviene casi siempre de lo público y publicado, pasado por el filtro de sus percepciones.

Por eso en estos tiempos, aún cuando la cartera se aprieta y los ingresos presupuestados no se realizan, lo que a mi juicio debe hacer un gobierno responsable, una Administración sólida en lo institucional, es precisamente invertir extraordinariamente en su comunicación pública, reforzando sus planes de comunicación -cuando dispone de ellos- o aumentando simplemente sus acciones de comunicación con objetivos concretos y mensajes realistas, útiles y oportunos.

Comunicarse con la ciudadanía es obligatorio en estos tiempos de crisis. Pero de manera eficiente, claro: por los medios y con los soportes que ésta usa, no otros. Y abiertamente, con toda transparencia.

1 Comentario

  1. Estimulante, como siempre, tu reflexión. Para abordar lo que planteas las Administraciones Públicas y las empresas deberían empezar por elaborar su Código Ético o Libro de Estilo de Comunicación Corporativa, donde fijaran sus objetivos y los medios para alcanzarlos y siempre de acuerdo con estrictos criterios de transparencia, eficacia y austeridad.

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