Cuando la CNN destaca los principales destinos turísticos previstos para 2013, ilustra su artículo con una foto del Real Alcázar de Sevilla.  Bien. Cuando la misma CNN informa de cuáles serán las 10 ciudades top del turismo para este mismo año, Sevilla no aparece. Andalucía no aparece. Ninguna ciudad española aparece en realidad. Hummm…
spain2013travel
Como pueden comprobar, la fuente de la cadena global norteamericana es la misma en ambos casos: Estudios y previsiones de Lonely Planet.  Gente con experiencia, que se equivoca poco.

¿No os llama la atención? ¿Lo veis natural? ¿O pensáis como nosotros: “Que pasa ahi, donde está la grieta”…?

Probablemente en muchos factores, más o menos importantes, según interese a quien los cuente;  pero a nuestro juicio en una cuestión fundamental: La percepción actual de España como un simple marco conceptual, como un destino en su conjunto, sin grandes diferenciaciones, que sencillamente ahora puede aprovecharse por la situación ventajosa que ofrece a los viajeros procedentes de países con menos apuros, que pueden obtener más por su dinero.   Una simplificación que debe ser consecuencia de las últimas oleadas de actuaciones -sobre todo políticas y económicas- que nuestro país ha llevado a cabo en el territorio de la “marca España”…

De acuerdo, en ningún momento se presenta la imagen de España como algo plano. Nadie dice eso: España tiene, y es de común conocimiento, lugares maravillosos, ciudades hermosas, recursos turísticos estupendos y todo eso. Pero, hoy, ‘todo eso’ se ve como el contenido de una especie de parque temático al que se accede por un precio muy conveniente para el viajero.

Es barato: Hay una razón para venir a España en 2013.  ¿Y a Sevilla?  No.  Da en todo caso igual: Sólo es una atracción más en el menú.

¿Tiene que ser así? No, para nada. Y el problema no estaría tan marcadamente asentado en la coyuntura si la estrategia de comunicación turística hubiera sido la acertada, la adecuada para estos tiempos y para la vertiginosa evolución que ha conocido el mercado en sólo unos años. Especialmente el consumidor que, como ya es bien sabido, dejó de ser tal cosa en el siglo pasado para elevarse a su cualidad de persona.

La moraleja es que deberíamos hacer caso a esos vectores que emergen de la gestión turística, de la pública y de la privada, y que trabajan (trabajamos) en una visión moderna de la comunicación turística, instalada plenamente en el marketing 2.0 y orientada al 3.0, pero que aún predican en un desierto demasiado instalado en las viejas formas de la publicidad persuasiva tradicional y en los modos unidireccionales de siempre.  Y poco científico, lo que es un grave pecado hoy por hoy.

Como no corrijamos sobre la marcha acabarán dominándonos los retiros y los productos ‘fly and flop’, a lo mejor con catedral incluida, para que no se diga…