La empresa de comunicación que dirijo cumple, en este de 2011, 25 años de existencia.  Desde que fue fundada en 1986, SVQ ha tenido muy claro que el papel de las empresas en el entorno social en que nacen y se desarrollan debe llegar mucho más allá del simple ejercicio de una actividad orientada al beneficio económico de quienes las componen.  Las empresas, especialmente las pequeñas y medianas, no son nada sin esa sociedad de donde surgen, no pueden vivir al margen de la misma.   Y esto quiere decir que sus beneficios, materiales e inmateriales, deben alcanzar ese entorno.  En forma de conocimiento, mediante la generación de riqueza, a través de la puesta en disposición pública de herramientas y procesos para el bien común y, desde luego, actuando con unos valores éticos y profesionales, con unos compromisos que contribuyan a la mejora social y el progreso.  Una empresa es un ciudadano corporativo.

Tales compromisos están representados en una parte importante por el Pacto Mundial, que suscribimos en 2004 y que, año tras año, desde entonces, hemos venido ratificando y ampliando, con sus correspondientes informes remitidos periódicamente a la sede de Naciones Unidas.

En aquel año de 2004 estuvimos entre el medio centenar -corto- de empresas que fundamos en Madrid la asociación española del Pacto Mundial.  Tal asociación, cuyo objetivo fundamental era el de extender en la práctica el compromiso de Naciones Unidas sobre la responsabilidad social, creció notablemente en poco tiempo y atrajo el interés de grandes empresas, multinacionales incluidas.  Dos de ellas, cuya reputación conocemos todos, al frente de la organización actualmente: Endesa y Telefónica.

Todo ello ha beneficiado considerablemente al proyecto, lo cual es innegable, pero ha traido a la vez algunos efectos negativos. Entre ellos la aparición de una concepto de gestión de la RSC más orientado a proporcionar facilidades y aprovechar oportunidades que a profundizar en los compromisos y, de manera peligrosa, a la explotación de la RSC poco más que como argumento de marketing social por algunas compañías.  Según ‘prosperó’ esta visión, SVQ abandonó la asociación, al poco tiempo.

En nuestro último Informe de Progreso, enviado directamente a la oficina del Global Compact de Nueva York, a la que reportamos habitualmente, hemos expresado nuestra preocupación por esta situación, por  “la pérdida de valor del compromiso que supone el Pacto Mundial, debida principalmente a su uso como mero argumento publicitario por ciertas compañías, que no siempre actúan con la coherencia deseada y cuyas acciones en contrario al Pacto son del dominio público gracias a los medios de comunicación y los social media”.

Para nosotros, pequeña empresa insertada completamente en la sociedad de su entorno, es muy preocupante, como firmantes, el riesgo de descrédito que conlleva la enorme influencia que algunas de esas compañías ejercen sobre el discurso común del Pacto.  Por ello creemos que quizás debería revisarse el sistema y así lo hemos comunicado.