No hay que se un lince para darse cuenta de que los medios de comunicación han perdido su sentido social en las dos últimas décadas.  Me refiero a los medios de comunicación convencionales, esos que podemos denominar “medios de comunicación comercial”, frente a los “medios de comunicación social” que representan el periodismo ciudadano y las redes sociales.

Pues bien.  Los medios de comunicación comercial han abandonado su función social en favor de su cuenta de resultados.  Es lo común que, en todos los rincones del mundo, con excepción quizás de pequeñas comunidades o medios alternativos, orienten sus prioridades hacia los grupos sociales o los estamentos de poder que pueden proporcionar beneficios, directos o indirectos, a las sociedades mercantiles que los gestionan.  Nada que ver con el periodismo que creíamos intermediador, nada que ver con la prensa como vector de la democracia.

Esto coloca en serio peligro la libertad de expresión y el derecho a la información, ya que se filtra el acceso de numerosas opiniones y grupos sociales a dichos medios y se selecciona perversamente la información con la que diariamente se construye ideológicamente la realidad.

Ciertamente, con las nuevas tecnologías, esta realidad va camino de corregirse o, al menos, está en proceso de revisión -¿decadencia?- y tal cosa supone para sus operadores un claro peligro financiero. Lo malo es que, a pesar del crecimiento exponencial de los medios sociales a través de Internet, siguen siendo los medios comerciales, especialmente los diarios, los prescriptores de esa realidad construida y los determinantes de la agenda política y social en que vivimos.  Principalmente por culpa de nuestros gobernante y líderes políticos, quienes prestan una desmesurada atención a la verdad publicada, a pesar de estar al corriente de su valor real.  Podemos decir que los periódicos construyen un mercado de valores de la realidad en el que políticos y gobernantes juegan según sus expectativas de negocio, pero que la relación valor-precio de tales valores es un dislate.  Aún así no hay gobierno, próximo o lejano, que no ande en los últimos años soltando dinero a mansalva para salvar a los grupos mediáticos de su territorio, como con los bancos.  En algunos de estos casos, a base de contratar servicios espurios de dichos grupos y pagar cantidades irreales por ellos.

Hablo de los regímenes que se consideran democraticos, claro, aquellos sobre los que puede infliur la presión de sus cuidadanos y la denuncia de la ilegalidad.  Los autoritarios son otra cosa y requieren otro tratamiento, sin duda.

Voy a donde quiero llegar: Expertos de distintos organismos que tienen, al menos en teoría, la misión trabajar por los valores ciudadanos que todos aceptamos como esenciales (democracia, igualdad, opciones…) han venido estudiando los últimos años el discurrir de este fenómeno de deconstrucción del periodismo en favor de los intereses representados por las empresas periodísticas y han llegado a concretar algunas conclusiones al respecto.  Algunas de ellas son complejas o demasiado especializadas, pero el listado que les traigo a continuación es, me parece, un claro exponente de lo que hay que enfrentar inmediatamente si no queremos vivir en un mundo ficticio o que funcione a las órdenes de un sólo poder que, ya lo imaginarán, será totalitario a la postre.

Éstos que siguen son los principales desafíos que tenemos por delante, campos de observación sobre los que hay que mantener una actitud claramente comprometida.

  • La existencia de mecanismos ilegítimos para controlar los medios.
  • La existencia de leyes penales que criminalizan la crítica.
  • La creciente violencia contra periodistas y comunicadores.
  • La necesidad de reforzar la vigencia e implementación del derecho de acceso a la información.
  • La discriminación en el derecho de ejercicio de la libertad de expresión.
  • Las presiones económicas que limitan la libertad de expresión.
  • Las restricciones desproporcionadas en nombre de la seguridad nacional.
  • La urgencia de garantizar el acceso universal a Internet.

Han sido sintetizados por equipos a cuyo frente han estado representantes especialmente designados de Naciones Unidas, de la Organización de Estados Americanos, de la Comisión Africana de Derechos Humanos y de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa.  No debe ser moco de pavo…