Me parece interesante la campaña que está desarrollando este otoño la Newspaper Association of America, en los EEUU…

Se trata de vender periódicos, claro, pero también de convencer a los anunciantes del valor que aporta la publicidad en prensa.  Es una campaña reputacional.  Porque lo que han perdido los periódicos, la prensa convencional, ha sido su reputación.  Y con ella, a sus lectores; y con ellos a sus anunciantes.

“Las noticias ya no son lo que eran”, puede ser una traducción, libre pero atinada, creo, de la primera línea de su historia.  El argumentario se orienta después hacia la confusión entre opinión y noticia, hacia la multiplicación de emisores que han supuesto los medios y redes sociales, hacia el trapicheo de la información publicitaria disfrazada de actualidad y otras razones similares.  En medio de todo la turbamulta de informaciones que andan por ahí, es el momento de enfocar al ‘sitio’ donde de verdad están las noticias, dicen ellos.  Y hablan, claro, del periódico. Impreso o digital, da lo mismo.

Les recomiendo un vistazo a la página de la campaña.

Los argumentos dirigidos a los anunciantes son más comunes: se sientan sobre los millones de personas que leen la prensa en EEUU, sobre su perfil y sobre sus ingresos, sobre su relación con la política o los negocios… En resúmen: les va mejor a quienes leen la prensa, son mas importantes y tienen más pasta: anúnciese aquí. Nada fuera de lo normal, en este aspecto.

Hombre, yo dudo bastante que con una campaña, por muy simpática que sea, se recupere la cosa. Por eso, a mi lo que me gusta de esta campaña no es su oportunidad ni las perspectivas de retorno que prometa; a mi lo que me gusta es que marca un nuevo territorio argumental, que cuenta una historia nueva, de un tipo que ya no acostumbraba la prensa: asociar el periódico con la inteligencia y con su influencia.

Y no se si esto significará una brecha en la continuada costumbre de asociar la compra de un diario con la obtención de pequeños gadgets, cubertería, medallitas o similares.  Pero me parece un comienzo esperanzador. Y me vale.  Por ahora.