La UE lleva algunos meses empeñada en que es necesario construir un nuevo discurso de marca para Europa.  No, no es una cantinela sin seriedad como pasa en España con el gobierno y la “marca España”, pero si es cierto que la UE lleva ya diciendo esto desde que se formuló el Tratado de Lisboa y poco o nada ha hecho hasta hoy para conseguirlo.  Y si la situación entonces ya apuntaba a una degradación crónica que terminaría en una posible crisis, ahora estamos ahogándonos en ella, en toda regla.

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El apoyo ciudadano a la Unión Europea se encuentra en su mínimo histórico. En los paises del norte se piensa que pagan con su trabajo los platos rotos de los paises del sur, que descuidan sus responsabilidades y malgastan los fondos que reciben para equipararse.  En los paises del sur se habla del engaño europeo y se penaliza la dependencia de los gobiernos locales respecto de los intereses mercantiles de Bruselas.  Palabras como “ciudadanía”, “derechos”, “bienestar”… han quedado en algo meramente simbolico.

¿Demasiado tarde para actuar?

La Comisión Europea repite estos dias su propias palabras de cuando el Tratado de Lisboa y considera que existe “una necesidad urgente de una nueva narrativa de la UE” y asegura que se ha puesto manos a la obra para “recuperar la confianza de los ciudadanos”.

Hablan de un proyecto piloto bautizado como “The branding of a new narrative on Europe”, que está en los presupuestos UE 2013 dotado con 500.000 €.  Sus objetivos formulados son:

Producir una nueva narración de Europa basado en la historia de la paz a través del comercio.
Crear una historia que pone a Europa en un contexto global de acuerdo con el nuevo orden internacional.
Revivir el espíritu europeo y acercar la UE a sus ciudadanos.
Mostrar el valor de la UE con sus ciudadanos.
Identificar los valores culturales que unen a las personas más allá de las fronteras.

Y piensan en que todo esto se haría a partir de una conferencia de notables y de un acto de relumbrón que les sirva como lanzamiento, cuyos resultados serían explotados a conveniencia por la agencia de relaciones públicas que se alce con el escaso contrato.

Luego está la cuestión del branding, de la construcción y gestión de la marca: No hay ninguna marca que haya alcanzado un mínimo éxito ni haya generado valor sin que el producto o servicio que representa logre ser creido y valorado en la práctica; en la vida real, esa que está tan lejos de las administraciones.

Aún así, aún suponiendo que esté en la cabeza de los dirigentes de la administración europea hacer cambios políticos y operativos que reconduzcan los objetivos reales de la UE, creo que todo esto llega demasiado tarde.

¿Quién se va a creer a estas alturas una nueva visión de la UE no sólo en la economía y el crecimiento, sino también como unidad cultural y de valores?, como se dice textualmente en la propuesta de gasto presupuestario.

Parafraseando a Gourcho Marx, ésto solo se lo creería alguien dispuestoa a creer lo que le cuenten más que a lo que ven sus propios ojos.

Pero algo habrá que hacer, ¿no?…