Unos jóvenes periodistas preguntaron hace unos días a Arthur Sulzberger Jr., el editor de The New York Times, qué estaba pasando con su profesión y por qué ellos no encontraban un sitio en el mercado de trabajo. Más o menos.

En traducción libre, a partir de lo que publicó el martes el New York Magazine, él les dijo que “la industria de los medios, los periódicos sobre todo, está en medio de una transformación radical y el periodismo está en crisis. Los periodistas deben reinventarse, aunque su trabajo sigue siendo esencialmente el mismo: El camino por el que la gente se informa está cambiando, pero la necesidad de información permanece“. Vale.

Sulzberger.jpg

Pero Sulzberger está del todo convencido de que los periódicos fisicos, como soporte, caerán pronto en la cuenta de la situación. A la prensa la compara con el Titanic: “La mejor analogía acerca de lo que yo puedo pensar es la de la falacia del Titanic. ¿Cual fue el gran problema del Titanic?, ¿la mala construcción?, ¿querer establecer un récord en un mar de icebergs?… Aunque hubiera podido llegar sano y salvo a Nueva York, el gran problema del Titanic era que doce años antes dos hermanos habían inventado el avión..” Con esta analogía, ilustró su idea de que los periódicos deber tratar de “convertir a las compañías navieras en compañias aéreas. Es el mismo negocio: Transportar personas de forma segura a través de largas distancias. Distinta estructura de costes, distinta forma de operar, pero el mismo negocio en el fondo”.

Habrá periódicos en las próximas décadas, dice Sulzberger, pero no serán la fuerza motriz, no tendrán el peso que han tenido hasta ahora, sino un producto bastante distinto: con unas diferencias similares a las que hay entre la aviacion comercial y, por ejemplo, locs cruceros de placer.

Tomemos nota.