Llevo años observando en mi entorno profesional un fenómeno demasiado común, del que mucho se charla pero poco se habla: A medida que se asciende en una organización jerárquica, una gran empresa o un gobierno, por ejemplo, aumenta el riesgo de perder el conocimiento tácito sobre los problemas y sus circunstancias.  Hablo de las personas, de los directivos y altos ejecutivos de las organizaciones. A esto lo llaman algunos incompetencia jerárquica y su principal consecuencia es la incapacidad de las organizaciones para desempeñar sus misiones y lograr los objetivos que se hayan establecido. Algo que podemos temer muy extendido, visto como están yendo las cosas.

Si, ya lo se, esto que digo se emparenta estrechamente con el Principio de Peter, que dice en resúmen que “en una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia: la nata sube hasta cortarse” y cuya raiz se basa igualmente en análisis de casos de incompetencia en las organizaciones.  Lamentablemente la gente tiende a tomarse a broma tanto este principio como sus corolarios más famosos.  Yo no: Cuestión de supervivencia.

Me preocupa especialmente, por mi condición de consultor, la muy frecuente desatención e infravaloración de la información y los enfoques que proceden de personas, o departamentos o empresas, jerárquicamente inferiores.  Cosa que ocurre muy especialmente cuando los asuntos en cuestión pueden ser enmarcados en un campo considerado perteneciente a cualquier ámbito competencial o de conocimiento personal asociable, a veces auto-asociable, con el sujeto en cuestión, con el jerarca.   Muchas veces esto acaba llevando a una excesiva simplificación de los problemas: cuando finalmente se acepta la información o el enfoque, son demasiados los que abusan de los resúmenes ejecutivos y otros esquemas que inicialmente deben servir para enmarcar un asunto (frame) pero sobre los que acaban por tomarse decisiones de estrategia o gobierno.  Asi nos va.

No digo en ningún momento que esto ocurra intencionadamente.  A menudo caen en esta trampa personas bien intencionadas que, sencillamente, se ven sobrepasadas en algún aspecto por su situación o sus responsabilidades al frente de la maquinaria.  El concepto de incompetencia jerárquica y su reflejo en la gestión no sólo causa terribles estragos en la organización a la que afecta y sus públicos interesados, también en la propia persona que cae bajo su influjo. Y todo empeora cuando esta persona está, ella sola, en la punta de la pirámide…

Cuento ésto porque ando preocupado por la escasa atención que se le presta a la comunicación lateral multinivel y a los canales llamados informales.  Ahora, cuando estamos viendo que el valor de las cosas y hasta de las economías de los paises sube o baja en función de lo que se comunica (a los mercados, por ejemplo), cuando comprobamos que hasta la masa ya no es una masa sino un sumatorio, es cuando más necesitaríamos cuidar estos asuntos. Frente a la organización jerárquica, la red; frente a la comunicación lineal, la comunicación lateral, los canale sinformales.  Todas estas cosas están muy unidas, todas son tan difíciles de digerir para los jerarcas…

Volveré al tema.