Estos días hemos venido estudiando algunos organismos de la Junta de Andalucía y sus relaciones con la ciudadanía que les concede autoridad y les da soporte.  Especialmente tras la conquista de la hegemonía en nuestra cultura comunicativa por parte de las redes sociales.

Son organismos en cierto grado independientes, que tienen una misión concreta que cumplir y que cuentan con presupuesto y autonomía suficientes para ello. En unos casos por la propia naturaleza de su función, esencialmente técnica, por ejemplo; en otros por tratarse de instrumentos de interactuación social. No diré nombres, pero si que son significativos y sirven de modelo general.

Lo que nos importa es que, en practicamente todos los casos, existe una obligación expresa que les resulta común y que tiene que ver con su relación con la sociedad, a  la que deben servir en términos generales pero, sobre todo, en lo concreto, con la que tienen que ‘compartir’ su gestión, tanto en lo que se refiere a la disposición de conocimiento y herramientas como a lo relativo a su orientación y control.

En parte, esta misión se ha venido cumpliendo a lo largo de los años, de acuerdo con los medios disponibles para ello. Todas las novedades y recursos disponibles han sido publicados en papel, en sus respectivas webs corporativas y, en los casos considerados de mayor interés público, también se han elaborado y enviado notas de prensa a los medios de comunicación. Pero esto ha cambiado tras la entrada en escena de las nuevas redes sociales.

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(Continúa)

Las redes sociales han existido siempre, pero no con base tecnológica. La disrupción que ha supuesto la llegada de los intrumentos tecnológicos de gestión de redes sociales no sólo ha servido para potenciar estas hasta niveles antes inimaginados, sino que ha convertido la interactuación en red en el principal medio para las relaciones sociales y la comunicación entre personas y organizaciones, de todo tipo.

La mayoría de éstos organismos públicos han vislumbrado este importante giro y han buscado una presencia en las redes sociales, generalmente en Facebook y Twitter, aunque, lamentablemente, considerándolos como canales auxiliares a los tradicionales y con bajos niveles de operación y bajo resultado. Las herramientas de medición de Twitter, por ejemplo, sitúan a algunos de estos por debajo del umbral mínimo para ser considerados usuarios “activos” y les otorgan un escaso grado de “autoridad” (PeerIndex)

Y esto ocurre en un momento en el que, como se ha dicho, las redes sociales han llegado para quedarse y se han convertido en el principal vehículo social y cuando, coincidentemente, la cultura del diálogo se empieza a revelar como la única vía para la solución efectiva de los problemas. Por otro lado, cuando la ciudadanía parece haber decidido, en un movimiento generalizado, impensable hace unos años, que el procomún es asunto a discutir entre todos.

La Administración, tanto como sus responsables políticos, deben apresurarse a vencer su temores (¡!) y resolver esta verdadera brecha social.  La cuestión está en promover y canalizar los convenientes flujos participativos en torno a los instrumentos de gobierno y administración, en relación con la misión de cada cual y con su dimensión.  Es un objetivo alcanzable, que no plantea mas problema que su adecuado trazado estratégico y su gestión profesional.

La via para desplegar una estrategia en este sentido pasa necesariamente por una gestión adecuada en las redes sociales, más allá de la simple presencia.  La gran diferencia entre las redes sociales y los medios tradicionales deriva de la característica principal de las primeras, la de tratarse de canales de conversación (medios calientes vs. medios frios), que conllevan exigencias de proactividad y dinamismo.

Cualquier desarrollo táctico de una estrategia institucional en redes sociales debe perseguir objetivos puntuales relacionados con el valor añadido que las mismas proporcionan y, por tanto, no debe limitarse a canalizar a través de éstas los mismos contenidos que ya se venía difundiendo ni desde las mismas posiciones.  En las redes sociales se busca generar un clima de confianza que posibilite, con una buena gestión de la reputación corporativa y desde un reconocimiento de autoridad (autoritas), el desempeño de un papel relevante a través de una puesta en servicio hacia la sociedad, a la que se aportará lo que se tiene y con la que se establecerá una relación siempre abierta y colaborativa.

No se trata, pues, de publicar avisos o noticias, que también, sino de compartir reflexiones, información y referencias.  Y propuestas. En todas direcciones.