Hablemos de comunicación política…

Bueno, todos sabemos que Clooney es un tipo comprometido con las cuestiones políticas. Y que sabe usar su fama para atraer la atención sobre asuntos que preocupan a muchos.  A su estilo, George Clooney ha puesto muchas veces el dedo en algunas llagas y, en varias ocasiones, su llamada de atención ha surtido efecto sobre las conciencias globales.  No tanto sobre las de los políticos con mando en plaza, como las de la gente de común, que somos casi todos.

A veces sus puntos de vista no revisten el gran formato de las películas o de las actuaciones orientadas al mainstream de los medios de comunicación de masas y son casi privadas: Confesiones o declaraciones que hace el actor y director norteamericano a ciertas publicaciones con cierto nivel.  Como estas que traigo.

La revista Esquire, en su edición española, dedicó en su número del mes pasado (marzo 2012) un importante espacio a las opiniones de Clooney, del que extraigo la siguiente:

Si el actual presidente de Estados Unidos fuera republicano y el gobierno fuera republicano, sus consejeros estarían vendiendo los últimos tres años como los más exitosos en mucho tiempo. Empezarían por decir: “Cuando nuestro candidato tomó el poder, perdíamos cuatrocientos mil empleos al año. De haber seguido así, tendríamos catorce millones empleos menos. Pero lo detuvimos de golpe. Salvamos a la industria automovilística y aprobamos un proyecto de salud pública que nadie había logrado aprobar”, aunque no es algo que los republicanos hubieran deseado de corazón. “Matamos a Osama Bin Laden”, dirían. Y podría seguir con la lista de cosas que les encantaría presumir. Pero los demócratas son pésimos para vender a Obama, así que se la pasan disculpándose y hacen que todos se sientan desilusionados.

¿Que les parece? ¿Creen que esta anotación es extrapolable, por ejemplo al caso español?

A mi en estas palabras me suena mucho la crítica de Lakoff al endeble marco teórico sobre el que construyen sus discursos públicos los grupos políticos que el lingüista llama ‘progresistas’; crítica que, digan lo que digan los propagandistas, éstos nunca acaban de asumir -¿comprender?- realmente.

Y, desde luego, reconozco la relevancia que tiene en los resultados la decisión estratégica que supone apostar -o no apostar- por una u otra posición de partida. El discurso, la historia que se cuenta, es hoy la clave. En comunicación política y en cualquier otra línea de comunicación que se dirija a públicos complejos y diversos. Pese a quien pese.