El BLOG de Benito Caetano

Comunicación, asuntos públicos y otras emergencias...

Categoría: INTELIGENCIA

Saber trabajar con nuevas ideas para la #innovacion en lo público

Como dice la gente de Nesta, “Las nuevas ideas son clave para el progreso humano, la prosperidad y la felicidad. En un mundo que cambia rápidamente, necesitamos nuevas ideas para afrontar los grandes desafíos que enfrentamos y capacitar a la gente para dar forma al futuro”.

Lo que pasa es que a las estructuras públicas, por su falta de agilidad y escasa eficacia, les cuesta trabajo no sólo facilitar la incorporación de nuevas ideas a sus análisis y procesos sino, incluso, su detección.

La innovación en la administración pública es tan imposible como imposible es que, desde su lógica, se acepte que la cooperación -la cooperación real, se entiende, no la propagandística…- es la única vía: la cooperación con la sociedad civil, con sus organizaciones pero también con sus individuos.

Para eso hay que cambiar actitudes y desarrollar ciertas habilidades.  En Nesta han preparado este cuadro, para ir orientándose…

 

 

Mmmm

La secuencia que domina el mundo, según Assassins Creed

Contextualizo: Este es un corte de una película de entretenimiento basada en un video juego: Assassin’s Creed.  No creo equivocarme si digo que es una película para adolescentes.

En teoría hubiera bastado con cierto misterio, algo de exotismo y una acción atrayente…  Pero hasta en este tipo de soporte se nos dan claves para que entendamos en qué mundo nos movemos y, por deducción, cuánta estupidez podemos alcanzar como masa, individuo a individua.

Os animo a que veáis el corte -poco más de 1 minuto- y que le deis una pensadita.  Quizás lo único irreal sea esa organización que está por encima del mundo, sólo quizás…

Y si queréis lo comentamos.

SMART CITIES vs. CIUDADES INTELIGENTES: Más que una cuestión de matices…

A ver, lo que quiero decir enfrentando ambos conceptos es que, por muchas revueltas idiomáticas y/o semánticas que queramos dar, una cosa es una ciudad inteligente y otra una smart city.  Aunque haya quien quiera que se confundan los conceptos, no se si interesadamente -no entendería un “para qué”- o por simple ligereza…

Por partes. Definamos inteligencia que, según el DRAE en sus tres primeras acepciones,  es la “capacidad de entender o comprender” o la “capacidad de resolver problemas” o mismamente el “conocimiento, comprensión, acto de entender”…  ¿Que quiere decir eso? Pues que el sentido de la inteligencia se relaciona con la comprensión de las cosas y con la solución de los problemas.  En cierta ocasión oí decir a Jose Antonio Marina, hablando de las ciudades, que “la inteligencia es la capacidad de resolver cuestiones nuevas con conocimientos viejos”; o sea, encontrar explicación y soluciones para asuntos que se presentan imprevistamente y con características no conocidas hasta el momento, acudiendo a lo que ya sabemos de antemano.  La información no es la inteligencia, la inteligencia es lo que se deduce del uso práctico que damos a la información.

Y a eso no alcanza una smart city. Una smart city se limita a dotarse de instrumentos que obtienen y procesan información y que, como consecuencia, facilitan la administración automática de determinados procesos y procedimientos.  A lo más que puede aspirar es a la aplicación de la inteligencia articial, que no es otra cosa que una aproximación informática a la inteligencia humana.

Porque la inteligencia sin emociones es incompleta.  Una de las funciones clásicas de la inteligencia es el conocimiento que desemboca en la producción de la ciencia y la técnica. Sin embargo, este proceso así limitado fracasa en el campo del afecto, la convivencia y, en definitiva, de la propia felicidad humana.

Aparece la dimensión social de la inteligencia, en tanto capacidad de la naturaleza y la condición humana. Asi podemos hablar del grupo inteligente y decir que es aquel que favorece la creatividad de sus componentes y promueve la acción, pasando así a la forma de felicidad compartida, incitando la capacidad de colaboración de las personas.

La ciudad inteligente es, pués, aquella que está en mejores condiciones de servir al ciudadano, facilitando y estimulando la acción de sus habitantes. La ciudad inteligente es aquella que acoge a ciudadanos capaces de transitar proyectos posibles a proyectos reales, creando una cultura urbana diferente, y embarcados en la tarea de perseguir la felicidad personal y colectiva.

¿Y por qué todo esto? Pues porque la novelería imperante y la presión de los medios de comunicación, olvidados definitivamente sus funciones sociales, están haciendo que se suplante el concepto de ciudades inteligentes por el de smart cities y esa reducción no la podemos permitir.  Porque salimos perdiendo como sociedad.

Me parece fantástico todo eso de la IA, me confieso early adopter y hasta un poco friqui de la tecnología, pero no podemos perder el concepto y la misión real de una ciudad inteligente, de una humanidad inteligente.  Como caigamos en esa trampa, la que supone confundir inteligencia con sistemas informáticos, vamos literalmente de culo.  Con perdón.

Así que dejemos convivir ambos conceptos, distinguiendo higiénicamente tal de cual, y prosperemos en ambas direcciones.  Sin fastidiar nada.

Las ciudades que mejor llevan su ‘estrategia inteligente’ (#smartcities). Barcelona, la única española…

Nokia lanzó en noviembre pasado un estudio que identifica las mejores prácticas de 22 ciudades inteligentes de todo el mundo en base a su nivel de desarrollo de aplicaciones TIC y de tecnología IoT en torno a tres pilares: inteligencia, seguridad y sostenibilidad: The Smart City Playbook (‘El libro de la Ciudad Inteligente’).  Entre esas 22 ciudadaes ´solo hay una española, Barcelona…

Pero lo que más atención me llama es que Málaga o Sevilla -desde donde escribo- no aparecen en un informe, en una lista, en la que hay ciudadaes con un cero patatero o un uno raspado en algunos de esos tres campos. Se ve que, aunque la propaganda pregone recurrentemente nuestros pretendidos avances en estas materias, aún somos irrelevantes en el panorama smart.

Hay que seguir en la senda y aumentar los esfuerzos, no tanto por la aplicación tecnológica que pide el desarrollo de las asmart cities como por los objetivos de progreso, seguridad, sostenibilidad, etc., que persigue la estrategia.

Sevilla lo tiene más apurado, porque anda ahí queriendo ser reconocida como capital verde europea en 2019 y no parece que los ritmos -como en casi todo los demás proyectos ciudadanos hoy por hoy- sean los más adecuados.
Veremos…