El BLOG de Benito Caetano

Comunicación, asuntos públicos y otras emergencias...

Autor: benitocaetano (página 1 de 40)

El reto de saber aprovechar el V Centenario de la Primera Vuelta al Mundo desde #Sevilla

Dentro de un par de años se cumplirán los 500 desde que partió de Sevilla la expedición que verificó, entre otras cosas, que la Tierra es redonda, sus recursos son finitos y hay una sola especie humana que la gobierna en todo el orbe: la expedición Magallanes-Elcano tuvo ante sí, de manera empírica, la primera visión global del mundo en que vivimos.

No es un asunto doméstico: es global. Entre 2019 y 2022 España conmemorará esa trascendente hazaña y, para ello, en los últimos meses, se ha puesto en marcha la máquina del Estado, creando una comisión nacional para el caso e iniciando la creación de comisiones ministeriales específicas, introduciendo beneficios fiscales ya en los presupuestos de 2017 y encargando a sus distintos departamentos la planificación de acciones al respecto. Podría parecer demasiado tarde, pero no lo es. Todavía…

En Sevilla, ya en 2007, la sociedad civil se movió para proponer un modelo de conmemoración que, yendo más allá de la justa memoria, sea capaz de producir verdaderas oportunidades de desarrollo y proyección para nuestra tierra y sus gentes. Con esta ciudad liderando la efeméride de la que fue protagonista principal.

Así nació la Iniciativa Ciudadana Sevilla 2019-2022, con la misión de provocar el escenario en el que reunir y promover el trabajo conjunto y en red de todas las partes interesadas. Un ejercicio de innovación social, pilotado por la Fundación Civiliter, en el que se lleva 10 años trabajando por una conmemoración que trascienda del papel y los acontecimientos festivos, que suponga un verdadero posicionamiento en lo global y una oportunidad de progreso y generación de riqueza. La sociedad civil desarrollando ideas, propuestas… persiguiendo una conmemoración global, humanista, positiva. Y, sobre todo, rentable en todos los aspectos posibles. Con poco respaldo tangible por parte de las autoridades locales y regionales que, hasta ahora, no parecen muy interesadas ni operativas con el acontecimiento…

Sin embargo el momento sigue siendo inmejorable. El mundo se está “psicoanalizando”: todos los escenarios de futuro se colocan en la franja 2020-2030. Es una época de cambios: una oportunidad -aún aprovechable si nos ponemos realmente a ello- para colocarnos en el discurso internacional, en la sociedad futura que ya va siendo presente.

La Tierra y la humanidad que la habita necesitan, en estos tiempos, de esfuerzos que faciliten la universalización del conocimiento y de las opciones, a la par que necesita el despertar de una nueva conciencia, ya avistada por algunos, que entienda nuestro mundo, y sus posibles extensiones hacia el espacio, como algo vivo, sensible y trascendente. Hay miles de posibles proyectos que desarrollar, miles de preguntas que hacerse, miles de necesidades que cubrir. Y Sevilla, como origen y final de aquella trascendente epopeya, puede ser el escenario, el símbolo que visualice todo ese proceso global.

Sólo quedan dos años para la gran prueba. No es mucho tiempo pero no hay que desesperar. En menos tiempo, entre 1517 y 1519, Magallanes consiguió el apoyo de la Corona en el siglo XVI, reunió la financiación necesaria y montó la armada que habría de llevar a cabo esta gesta histórica, global y esencial para comprender el mundo que vino después y hasta hoy.

Aún podemos hacer cosas, muchas, las que nos propongamos seria y eficientemente: todas. Menos perder el tiempo…

La religión cuenta como nota, ¿pero alguien se toma en serio la evaluación de la asignatura?

La gente tiene en general una idea tan simple como errónea de la asignatura de religión en la escuela, considerándola algo sin más contenido que el de su efecto social o de confirmación de pertenencia a cierto grupo social mayoritario.  Una “maría”, vamos.

Sin embargo es ahora, por obra y gracia de nuestro Congreso de los Diputados, una asignatura que puntúa en el currículum y su nota cuenta, por ejemplo, para la selectividad.  Así pues, su cometido no es dar un mero servicio social, ciertamente muy demandado, sino desarrollar determinados conocimientos” y competencias que deben responder a una metodología didáctica y ser evaluable de acuerdo con ciertos parámetros.

Cada cual con su conciencia: no entraré en si debe haber o no haber asignaturas basadas en creencias o construidas sobre contenidos indemostrables, pero si las hay deben ser tratadas igual que las demás asignaturas…

Sobre esto sí que quiero llamar la atención: sobre su dudosa evaluación. Si hay un plan didáctico, si el alumnado debe alcanzar determinados objetivos y si sobre ellos es sobre lo que debe evaluarse seriamente dicha asignatura, veo tela de complicado que haya muchos chavales que aprobarán la asignatura de religión en España, de acuerdo con el “currículo de la enseñanza de Religión Católica de la Educación”, elaborado por le Conferencia Episcopal -que en esto sustituye al Estado- y publicado en el BOE.

Si quieren entretenerse un rato, echen un vistazo a dicho currículo, sobre todo a la parte final, la de “contenidos, criterios de evaluación y estándares de aprendizaje evaluables” y díganme si conocen a muchos niños o niñas capaces de sacar una buena nota en un examen serio de la materia.  Prueben con su entorno si les apetece jugar o con ustedes mismos…

Y no vale engañarse de antemano: todos sabemos por los hechos que, usando palabras de la chavalería que tengo  más cercana, “en religión no hay que estudiar y siempre se saca buena nota… y en ética si que hay que trabajar…”

Y lean si quieren los currículos de las demás religiones, que son por el estilo…

Saber trabajar con nuevas ideas para la #innovacion en lo público

Como dice la gente de Nesta, “Las nuevas ideas son clave para el progreso humano, la prosperidad y la felicidad. En un mundo que cambia rápidamente, necesitamos nuevas ideas para afrontar los grandes desafíos que enfrentamos y capacitar a la gente para dar forma al futuro”.

Lo que pasa es que a las estructuras públicas, por su falta de agilidad y escasa eficacia, les cuesta trabajo no sólo facilitar la incorporación de nuevas ideas a sus análisis y procesos sino, incluso, su detección.

La innovación en la administración pública es tan imposible como imposible es que, desde su lógica, se acepte que la cooperación -la cooperación real, se entiende, no la propagandística…- es la única vía: la cooperación con la sociedad civil, con sus organizaciones pero también con sus individuos.

Para eso hay que cambiar actitudes y desarrollar ciertas habilidades.  En Nesta han preparado este cuadro, para ir orientándose…

 

 

Mmmm

La secuencia que domina el mundo, según Assassins Creed

Contextualizo: Este es un corte de una película de entretenimiento basada en un video juego: Assassin’s Creed.  No creo equivocarme si digo que es una película para adolescentes.

En teoría hubiera bastado con cierto misterio, algo de exotismo y una acción atrayente…  Pero hasta en este tipo de soporte se nos dan claves para que entendamos en qué mundo nos movemos y, por deducción, cuánta estupidez podemos alcanzar como masa, individuo a individua.

Os animo a que veáis el corte -poco más de 1 minuto- y que le deis una pensadita.  Quizás lo único irreal sea esa organización que está por encima del mundo, sólo quizás…

Y si queréis lo comentamos.

Necesidad de (re)CONSTRUIR nuestros PARQUES

Los parques se inventaron cuando predominaba la idea de separar la naturaleza de la cultura. La naturaleza era algo de donde se extraían recursos para el provecho humano y de lo que en realidad había que protegerse. Así, los parques fueron concebidos como naturaleza domesticada a nuestro servicio.

Esto está superado. Los parques evolucionan convirtiéndose en escenarios para la construcción social, en espacios que entretejen dinámicamente la cultura urbana y que son un reflejo interdisciplinario de las ciudades y de sus habitantes. En las ciudades occidentales, un parque es mucho más que un espacio verde: es un centro de referencia para la vida en la ciudad y un espacio que fomenta la identidad de la misma.

Su diseño y su gestión deben entonces dejar de servir solamente, como ha sido siempre, a lo urbano (URBS) para extenderse a lo cívico (CIVITAS) y a lo político (POLIS).

Hay urgencia en revisar la cuestión, tanto para la construcción de nuevos parques, como el recientemente reactivado de Tablada, como para la reconstrucción -imprescindible- de los existentes: desde focos diversos, con nuevos criterios, con base en la participación social directa e inversa.

De principio, más que una gestión basada en el mantenimiento, que desde luego es imprescindible, debemos entender que los parques hoy necesitan un discurso basado en la activación social que permita la conexión de la ciudadanía con la oferta de equipamientos y usos, preservando las condiciones naturales del espacio y mejorando la calidad de vida de sus usuarios.

Lo verdaderamente importante en los espacios públicos no es su aspecto formal sino su función: quien los utiliza, quien les da vida.  Lo importante en un hospital no son las instalaciones y su mantenimiento, sino el servicio que presta, las vidas que salva, la salud que preserva… Lo demás, en los parques como en los hospitales, se corresponde acaso con un departamento de gestión o de operaciones, necesario, ya digo, pero secundario.

Y para la construcción de este nuevo discurso es hoy imprescindible la participación de la sociedad civil, de la ciudadanía.  El tiempo de los técnicos y los especialistas, decidiendo ellos solos en sus comités las cosas se ha terminado. La ciudad, sus parques, son un constructo social; esa es su naturaleza y ese es su método.

El parque más dinámico de Sevilla ha sido el del Alamillo y, dando por sentado que su dirección profesional ha sido la facilitadora principal de su éxito, su discurso ha partido de una propuesta marco y unos criterios de uso. Pero su narrativa y su identidad ha venido y está siendo construida por la ciudadanía libremente, en beta permanente, podríamos decir.  Que era lo que se perseguía en la estrategia social de este parque que, sí, tan cierto como inaudito, tenía una estrategia desde sus principios.

Esto ha sido también evidente el el parque patrimonial por excelencia de la ciudad, el parque de María Luisa, que cuando entre 2009 y 2010 quiso trascender de su carácter de jardín -rico y hermoso, pero sólo un  jardín- para jugar su papel como espacio público en el sentido en el que hablamos, logró convertirse en referencia renovada de la cultura comunitaria y las dinámicas sociales sevillanas, a partir de una puesta en disposición del espacio y de algunos recursos para que la propia ciudadanía se expresara. La gestión profesionalizada y proactiva, entre bambalinas, fue su soporte y cuidó de que los elementos necesarios para tal discurso estuvieran a punto de revista, pero la identidad, aunque efímera, de esa etapa de nuestro parque más singular fue construida por la sociedad civil.

Por eso, aprovechando que en Sevilla se abrió la pasada semana el ciclo “Agua, paisaje y ciudadanía”, con las jornadas “Sevilla ciudad sostenible: de los orígenes del jardín al sistema verde urbano”  propongo que se acometa un amplio proceso deliberativo sobre los parques de la ciudad, sobre los que asoman como Tablada pero también sobre los existentes; un proceso que nos lleve a construir y reconstruir y dotar nuestros espacios públicos desde esas nuevas ópticas que los tiempos exigen.  El método incluiría, naturalmente, la participación social directa y vinculante para las autoridades en la materia; con consultas continuadas a la ciudadanía y con un mecanismo de verificación-falsación de las propuestas y consideraciones. Y todo ello bajo un sistema continuado de evaluación y control transparente. Vaya, como si se tratara de un ejercicio de gobierno abierto o de la tan europeizante y pregonada gobernanza multinivel…

Es totalmente posible: ya se ha comprobado y ha funcionado.  Sólo es querer.

EL PERIODISMO IMAGINADO Y LA CRUDA REALIDAD

(Apuntes a partir de “El periodista universal”, de David Randall)

El periodista argentino Jorge Lanata dice tener registrada la cabecera de un periódico que no sería periódico porque saldría y se llamaría “Cada tanto”. Sostiene Lanata que sólo “cada tanto” y nunca cada día se produce alguna noticia que merece ser tenida por tal y contada finalmente a los lectores. Será un farol, claro, pero sostiene idealmente una teoría del autor que viene a decir que diariamente los periódicos se llenan -se rellenan, diría él- de algo que podríamos denominar “producción industrial de información”, que no tiene nada que ver con lo noticiable y que no es siquiera relevante en la mayoría de los casos, cuando no directamente forzada e incluso inventada. El periodismo tradicional siempre consideró como noticia aquel fenómeno o detalle de la actualidad que era publicado en un periódico, otorgando, de ese modo, a los propios periódicos la facultad de determinar qué es lo noticiable.

Es aceptada generalmente la idea propuesta por Lacan de que la realidad es pura fenomenología. Descartadas las antiguas filosofías, en la práctica sabemos que la realidad se forma exclusivamente por lo que percibimos. La actualidad también, claro; y en los últimos tiempos -por ser optimistas: tal vez haya sido siempre así desde que dejaron de ser diarios de avisos- los periódicos han emprendido un camino mucho más rentable que el de servir sencillamente noticias: construir la actualidad, construir la realidad. En medio de todo esto estamos los periodistas. Consciente o inconscientemente.

En su popular libro “El periodista universal”, David Randall parece creer que los periodistas podemos y debemos intervenir decisivamente en este proceso, actuando en favor del lector y procurando en todo caso una información profesionalmente aceptable y éticamente correcta. Desde ahí reflexiona sobre la casuística del trabajo de informar, ofreciéndonos un catálogo de notas prácticas que compendia los aspectos que el autor considera más importantes en la practica diaria de los periodistas, aliñado con recomendaciones y anécdotas que los ilustran.

Esta reflexión es implícita. En una primera aproximación, para un periodista que lleva en esto casi tanto tiempo como Randall, como es mi caso, el libro no parece sino una serie de perogrulladas sistematizadas. Algo superficial, que no invita a la lectura. No en vano, algunas librerías que lo venden en su versión original, lo anuncian como un libro de anécdotas; el libro más vendido sobre periodismo en ingles, eso si, pero un anecdotario.

Esa cualidad lo convierte en accesible. Es entretenido leerlo, bueno para el verano. Como escuché en cierta ocasión a Luis del Val, “es que la anécdota es fácil de comprender y hasta divertida…”. En este punto, tiene ya una primera utilidad muy recomendable. Bajo esa apariencia superficial se encuentra una reflexión ordenada, bien estructurada, sobre los aspectos más cotidianos del ejercicio periodístico. Cierto que no es un sesudo trabajo de epistemología, ni siquiera un ensayo deontológico: es un manual práctico, un recetario. Y en cierto modo se parece a los de cocina: describe recetas que sabemos que nunca haremos junto con otras que nunca cocinaremos tal y como se explican y, por fin, algunas que trataremos de llevar al plato; pero igual que estos, su lectura nos ayudará a desenvolvernos en general en la cocina con cierta soltura.

Aún puede sacarse más. Los puntos suspensivos de la anterior cita a Luis del Val indican que su frase no acababa allí, sino aquí: “…para descubrir la categoría, en cambio, hay que pensar”.

Y también el trabajo de pensar puede hacerse a partir del libro de Randall. Aunque aparentemente simple, a pesar de su candor general y su romanticismo -que hasta su prologista español, Joaquín Estefanía, destaca-, “El periodista universal” puede considerarse una obra de referencia, una fuente relevante que sumar a los recursos que nos permiten comprender la evolución de la profesión periodística. Si se quiere, hasta un paradigma desde el que observar la realidad de la profesión periodística; una herramienta que, sobre todo por los jóvenes, puede usarse como referencia previa que cruzar con la propia experiencia para obtener conclusiones propias.

Con el filtro y las precauciones debidas, cada cual con su propio mobiliario intelectual. Porque lo que Randall cuenta es un modelo ideal, de ahí que lo tilden de ingenuo. La realidad es distinta.

En la tarea de construir diariamente una realidad a convenir, en la que se empeñan cada vez más empresas de periódicos del mundo global, los periodistas, sobre todo los que no ocupan puestos directivos, han perdido la mayor parte de su papel, han dejado de ser protagonistas se han quedado como figurantes con frase: han dejado de ser el factor principal de la noticia para convertirse, de un modo alarmante, meros transcriptores de las mismas. Ni siquiera conservan la capacidad de asignar a los hechos esa cualidad: es general que ya se sepa lo que va a convertirse en noticia aún antes de que esta se produzca.

Digamos que las fuerzas e intereses que inciden sobre los medios han dejado de considerar a los periodistas como elemento relevante y tratan directamente con las empresas, quienes a su vez han desconsiderado a los profesionales en la práctica. Hay que aclarar que esto no sucede mediante acuerdos, imposiciones o pactos en concreto, salvo en casos a partir de cierta envergadura, sino que se manifiesta de una manera sutil, a través de la práctica relacional de las empresas y de determinados preceptos prejuzgados y asumidos de antemano por los propios periodistas. Claro también que todavía quedan parcelas en las que esto se suaviza, quizás algunas en lo local y otras en secciones muy especializadas, pero no es la tendencia.

Nick Davies es periodista de The Guardian y autor de “Flat earth news”, un libro que ha publicado a partir de una investigación llevada a cabo por él mismo con la universidad de Cardiff. Para entendernos, a Davies le preocupa el grado de realidad que hay en la realidad publicada. Especialmente se fija en los casos de falsos acontecimientos, de fenómenos aparentes, elaborados frecuentemente desde los despachos de relaciones públicas (modelo anglosajón), que pretenden y consiguen configurar en una medida importante la realidad percibida de cada día. Por ahí va el título de su libro: No sólo algunas religiones mantuvieron durante siglos la creencia de que la Tierra era plana, en contra de la opinión científica y hasta de la evidencia, como es de sobras conocido, actualmente aún existen sociedades que mantienen esta afirmación y hasta se arrogan el titulo de “desprogramadores” de la humanidad defendiendo que la idea de la redondez de la Tierra es una falsa imposición. The Flat Earth Society es una de ellas.

Davies ha estudiado la actual prensa británica -los mismos patrones que corta Randall- y se ha encontrado, por ejemplo, con datos que afirman que los redactores están elaborando con total certeza sólo el 12% de las noticias, hay otro 8% de estas cuyo origen se duda y, definitivamente, el 80% procede total o parcialmente de agencias de noticias y gabinetes de relaciones publicas. Más: los despachos de agencias suponen entre el 60% y el 70% de The Times, Daily Telegraph, Daily Mail o The Independent. Y mas de la mitad de The Guardian, donde trabaja el autor.

Hoy, el trabajo de los periodistas ha aumentado y ahora cada uno escribe el triple que hace 20 años; entendiéndose a la inversa la dedicación profesional que puede dedicarse a cada pieza. Más aún, el 70% de las informaciones nacionales (Gran Bretaña) se han escrito fuera de las redacciones y han sido copiadas por estas. Sólo en el 1% de los casos se reconoce esto en la data.

Sólo es un ejemplo. El documentado y demoledor análisis que Nick Davies hace en su libro, cuyos detalles y conclusiones han sido amapliamente respaldadas por la profesión británica, demuestra que la práctica periodística de hoy nada tiene en común con lo ideado por Randall.

De todos modos, estamos en medio de un río revuelto. Al igual que los propios periódicos, la profesión del periodismo esta viviendo en estos tiempos una notable confusión, dominada fundamentalmente por la utilización estratégica de los medios por parte de corporaciones de mayor calado, que son sus dueñas, y, por otra, por los vertiginosos cambios tecnológicos que están produciéndose en el mundo y que afectan sensiblemente a todos los aspectos de la misma: desde la propia definición de periodista hasta la explotación de su trabajo, los medios disponibles o sus derechos de autor.

Lo que Randall propone, lo que refleja Davies, lo que hoy es y lo que será en unos años puede que acaben pareciéndose poco o nada. En 2017 los periódicos convencionales siguen perdiendo, los medios audiovisuales se simplifican, la red crece sin que aún la hayamos comprendido… y los nuevos medios sorprenden, marcan hitos y desaparecen con la misma facilidad. Pero siempre queda algo.

Por prudencia, en estos tiempos, no debemos tomar ninguno de estos libros del momento como una guía a seguir. Como diría el capitán Barbosa de “Piratas del Caribe”, “no hay que seguirlos al pié de la letra, tan sólo son una directrices…”

SMART CITIES vs. CIUDADES INTELIGENTES: Más que una cuestión de matices…

A ver, lo que quiero decir enfrentando ambos conceptos es que, por muchas revueltas idiomáticas y/o semánticas que queramos dar, una cosa es una ciudad inteligente y otra una smart city.  Aunque haya quien quiera que se confundan los conceptos, no se si interesadamente -no entendería un “para qué”- o por simple ligereza…

Por partes. Definamos inteligencia que, según el DRAE en sus tres primeras acepciones,  es la “capacidad de entender o comprender” o la “capacidad de resolver problemas” o mismamente el “conocimiento, comprensión, acto de entender”…  ¿Que quiere decir eso? Pues que el sentido de la inteligencia se relaciona con la comprensión de las cosas y con la solución de los problemas.  En cierta ocasión oí decir a Jose Antonio Marina, hablando de las ciudades, que “la inteligencia es la capacidad de resolver cuestiones nuevas con conocimientos viejos”; o sea, encontrar explicación y soluciones para asuntos que se presentan imprevistamente y con características no conocidas hasta el momento, acudiendo a lo que ya sabemos de antemano.  La información no es la inteligencia, la inteligencia es lo que se deduce del uso práctico que damos a la información.

Y a eso no alcanza una smart city. Una smart city se limita a dotarse de instrumentos que obtienen y procesan información y que, como consecuencia, facilitan la administración automática de determinados procesos y procedimientos.  A lo más que puede aspirar es a la aplicación de la inteligencia articial, que no es otra cosa que una aproximación informática a la inteligencia humana.

Porque la inteligencia sin emociones es incompleta.  Una de las funciones clásicas de la inteligencia es el conocimiento que desemboca en la producción de la ciencia y la técnica. Sin embargo, este proceso así limitado fracasa en el campo del afecto, la convivencia y, en definitiva, de la propia felicidad humana.

Aparece la dimensión social de la inteligencia, en tanto capacidad de la naturaleza y la condición humana. Asi podemos hablar del grupo inteligente y decir que es aquel que favorece la creatividad de sus componentes y promueve la acción, pasando así a la forma de felicidad compartida, incitando la capacidad de colaboración de las personas.

La ciudad inteligente es, pués, aquella que está en mejores condiciones de servir al ciudadano, facilitando y estimulando la acción de sus habitantes. La ciudad inteligente es aquella que acoge a ciudadanos capaces de transitar proyectos posibles a proyectos reales, creando una cultura urbana diferente, y embarcados en la tarea de perseguir la felicidad personal y colectiva.

¿Y por qué todo esto? Pues porque la novelería imperante y la presión de los medios de comunicación, olvidados definitivamente sus funciones sociales, están haciendo que se suplante el concepto de ciudades inteligentes por el de smart cities y esa reducción no la podemos permitir.  Porque salimos perdiendo como sociedad.

Me parece fantástico todo eso de la IA, me confieso early adopter y hasta un poco friqui de la tecnología, pero no podemos perder el concepto y la misión real de una ciudad inteligente, de una humanidad inteligente.  Como caigamos en esa trampa, la que supone confundir inteligencia con sistemas informáticos, vamos literalmente de culo.  Con perdón.

Así que dejemos convivir ambos conceptos, distinguiendo higiénicamente tal de cual, y prosperemos en ambas direcciones.  Sin fastidiar nada.

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