No está de capa caida el negocio de los periódicos sino que, a juicio de la mayoría de los profesionales con los que podamos hablar, el periodismo mismo agoniza. La muerte del periodismo… anunciada por los más optimistas y certificada ya por los que son menos.

Lo cierto es que el periodismo está cambiando tan vertiginosamente por la revolución tecnológica en la que andamos inmersos, que bien podría aprovechar profesionalmente el rio revuelto para erguirse y reclamar su papel en la sociedad actual, ese papel que empezó a perder cuando dejó de lado su compromiso -¿dignidad?- profesional y entregó su alma a los dueños de los medios y otros interesados sin preguntár nada más.

Ya saben lo que dicen del idioma chino, en el que la palabra crisis está compuesta de los conceptos problema y oportunidad

Quizás no ocurra nunca, el renacimiento. Hace algunos años el periodismo era un oficio, un poco más atrás se llamaba periodista a cualquiera que escribiera cualquier cosa en un formato de publicación regular. Hoy, aunque se ha tratado de comprimir el círculo y limitarlo a los poseedores de ciertas titulaciones universitarias, periodista es cualquiera. Hasta por su blog personal.

Con esos mimbres va a ser imposible reconstruir el periodismo como ejercicio profesional en sus cánones clásicos. Habrá que pensar en otra cosa. Pero, en medio del anodino discurrir de la profesión periodística en estos tiempos y a pesar de la falta de autoreconocimiento de la parte de culpa correspondiente a los propios en la debacle actual, hemos de determinar que ha sido la mala práctica de los periodistas la que ha abierto el abismo. Los periodistas no son sólo víctimas de los tiempos, también son culpables de su discurso. El infierno está lleno de periodistas, como dice este brillante anuncio…

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En fin, una broma, gracias al diario digital uruguayo Últimas Noticias, con la que rematar una reflexión como la que precede. Que por supuesto es discutible. Y les animo a discutirla…