El futuro de los medios de comunicación provoca una gran incertidumbre, algunos lo ven bastante negro, otros llegan a pronosticar su fin… Pero no tiene por qué ser así.

Veamos. Está claro que el concepto clásico de periódicos y otros medios convencionales ya no va a ningún sitio.  El consumo y la valoración que hace la gente de ellos lo demuestra de manera contundente.

Muchas empresas editoras y emisoras han emprendido un decidido camino en pos de la tecnología que parece determinarlo todo en estos tiempos. A algunas les está dando un resultado por el momento; una mejora de posiciones que no pasará de aparente hasta que no se convierta en tendencia. Y yo no estoy tan seguro de que esto ocurra en los más de los casos.

Todos tenemos claro que los medios del futuro -de un futuro que parece precipitarse a velocidad de vértigo- deben ser móviles, sociales, locales y audiovisuales.  Esta es la profecía y apuesto a que es de las que van a cumplirse.

¿Pero creen que todo depende de la aplicación de la tecnología a los procesos y a los productos?.

Un cambio de paradigma ha hecho que los periodistas dejen de ser el elemento articulador en los medios de comunicación.  Los criterios profesionales y la conciencia del papel social del periodismo han pasado a un plano testimonial, como mucho, en las empresas. Y éstas han abadonado la ‘comunicación social’ por la ‘comunicación comercial’, que incluye aquella que obtiene réditos por servicios políticos.

El papel protagonista dentro los medios de comunicación está en manos de financieros y de técnicos.  Los contenidos, al menos en la prospectiva, están llegando a tal nivel de crisis que ya hay quien los elimina directamente de la paleta primaria: en el foro anual sobre el futuro de los medios (4th annual Future of Media Forum), celebrado el pasado 5 de octubre en la universidad de Nueva York, hubo debate en este sentido y se manejaron ideas para optimizar la situación de escasez.

Mal camino.  ¿Sentar una base en la que los contenidos pueden ser secundarios y de otra automatizar su producción, repitiéndolos, inventándolos en serie si es necesario y valorando que haya mucho de donde cortar, poniendo ésto por encima de que se busque lo relevante y se enfoque y se elabore para su distribución desde una posición de referente social? ¿Medios que consumen recursos elevados en experimientos tecnológicos tentativos, que funcionan relativamente (tv interactiva, medios como portales, periodicos como redes, subproductos…), en una especie de deriva hacia el gadget como centro de toda operación?.

Si, vale, cuando los involucrados nos encontramos en foros y reuniones, todos aceptamos que el futuro girará en torno a los contenidos; pero nunca definimos el ‘qué’ y el ‘cómo’ de estos; así que acabamos por aceptar ‘contenidos’ como animal de compañía…

Lo primero que pienso cuando me planteo esta cuestión -algo que muchos hacemos a menudo- es que hay una premisa que debemos aceptar: incertidumbre y pesimismo son la consecuencia directa de lo que estamos haciendo con y desde los medios. Hoy. Periodistas en retirada incluidos. Lo segundo que pienso es que otra cosa bien distinta es lo que podríamos hacer.  O lo que deberíamos hacer, al menos.

Y siempre llego a la misma idea: Todo lo que conocemos desaparecerá -y con ello esos valores que siempre quisimos tener de nuestro lado y que nos aseguran un papel en el mundo- si empleamos la tecnología sólo como reclamo o para fines inapropiados, si basamos nuestra estrategia en el oportunismo, si ponemos proa a la pasta sin detenernos más en cual es de verdad nuestro papel, en qué esperan los ciudadanos (vale, incluso concebidos como clientes) de nosotros o en buscar la senda de retorno a lo ‘social’ de la comunicación, con honestidad y todos sus demás requerimientos ‘molestos’…

Por muchas cuentas de colores que enseñemos, por mucho chirimbolo que nos inventemos para sorpresa y consumo general, aunque lleguemos a personalizar un ‘servicio’ para cada cliente… la fiebre acabará y la gente sólo estará con los medios si confía en ellos. Punto. Recuerden que ya habíamos aprendido que son los consumidores los que determinan el producto y no al revés.

Y lo dejo por ahora. Con esto que he dicho es con lo que creo que hay que renovar el negocio. Y la profesión del periodismo.  Que trabajen desde ahí técnicos y financieros y que vuelvan los periodistas a su labor. O adiós.