La gente confía cada vez menos en las empresas y sus portavoces.  La multinacional Burtson&Marseller ha realizado la encuesta Trust&Purpose Survey de la que, a partir de 3.500 encuestas online, algunas en España, se deduce que los consumidores sospechan del uso perverso de sus datos por las compañías que los manejan y consideran de manera mayoritaria que éstas son en general poco creibles en lo que dicen publicamente.  Sus portavoces son dehonestos y mentirosos, esas son las palabras.

Y éste, uno de los cuadros:

61% contra 39%.  Siendo optimistas, aún no es muy grande la diferencia: ¿Será salvable?.

La cosa empeora cuando se le pide a la gente que compare la credibilidad de las compañías con lo que era hace unas décadas.  Ahí si que pierden en general: un 72% considera que éstas eran más dignas de confianza antes que ahora.  El cuadro:

Malas prácticas. Desde mi posición puedo ver claro que, la pérdida de valores intangibles se deben a una mala comunicación, a una comunicación no ética, orientada a mantener una ficción poco sostenible.  A mi juicio, al juicio profesional de SVQ, lo mejor que pueden hacer empresas y corporaciones es revisar todo eso: apostar por la transparencia, el contacto abierto (cluetrain…) y la responsabilidad social, descartando prácticas tan desfasadas como socialmente nocivas y peligrosas para sus intereses a medio y largo plazo.  Muchos sabemos como hacerlo, muchas organizaciones ya exploran ese camino con resultados más que buenos.

Dicen que dijo Lincoln que “no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo”.  Añado que, además, no es necesario. Salvo para quienes gestionan el mundo apoyados en el hard power como única y caduca opción, tal vez por no alcanzar más allá.